PUBLICACIONES

Es una sección dedicada a difundir los escritos producidos en los carteles sea que estén destinados a una Jornada de carteles o no.

Nos parece interesante y formativo tener un lugar en el que se pueda compartir por escrito las inquietudes y los hallazgos de las investigaciones que, por pequeños que sean, son los que van dando su lugar a la experiencia del cartel. También puede ser un espacio para movilizar impases de trabajo epistémico, clínico, metodológico, compartir preguntas, cooperar con alguna nota, una bibliografía, un breve comentario, en fin, ya el deseo de saber que anima este espacio nos irá enseñando su ruta.

Puede enviar sus escritos al correo: nelmedellincarteles@gmail.com

La extensión máxima de los textos no destinados a Jornadas será de 5.000 caracteres con espacios.

Una anotación respecto a la publicación de los avances:

Estimados Miembros, asociados y amigos de la sede que participan de la experiencia de cartel, reciban un saludo especial. Queremos compartirles el proceso de publicación de los avances del trabajo de cartel. Recibimos hasta el día miércoles de cada semana y se publicarán en el orden de llegada. Leemos el texto y en caso de necesitar algún ajuste lo retornamos, si lo recibimos antes del viernes será difundido en el Voz a vos de la semana. En caso de no necesitar ajustes será publicado directamente.

Avances

Título: Juntarse (…) disolverse: sobre los tiempos lógicos en un trabajo de cartel

Cartelizante: Carlosgermán Celis E

Nombre del cartel: Comisión de carteles. Comisión cartelizada.

Avance #: 1

Tiempo lógico: Tiempo de comprender

Juntarse y disolverse son los significantes que han estado rondando tanto mi rasgo de investigación como el trabajo que asumo en la comisión cartelizada. Los encontré por primera vez en el texto de Lacan “El señor A” (1980), allí afirma: “Vayan. Júntense varios, péguense unos a otros el tiempo que haga falta para hacer algo y disuélvanse después para hacer otra cosa”[1]. Se trata entonces de juntarse, pegarse, y una vez se haya hecho algo, hay que disolverse. Es decir, soltarse de lo que los unía, liberarse, y en esto es claro al decir que se disuelve, para hacer otra cosa. Me interesa pensar este movimiento del juntarse y separarse del cartel a partir de los tiempos lógicos. En este orden, puedo tener en el juntarse un instante de ver y en el disolverse un momento de concluir. Entre juntar y separar sigo tomando guía en Lacan “Fíjense cómo lo digo de a poquito. Les doy tiempo para comprender. ¿Comprender qué?”[2]. Bueno, en eso ando. Estar en un cartel en el que se trabaja y termina conociendo uno algo del otro, hace posible caer en la tentación del religare como efecto de grupo, en el que se den unas afinidades discursivas que fácilmente se deslicen en una cierta endogamia, una familiaridad que va creando sus códigos y, por qué no, unas complicidades y jerarquías que reduzcan la capacidad disolvente del significante. Dice Lacan, “A lo cual se resisten aquellos a quienes les da pánico la disolución”[3].

Ahora bien, cuando Lacan señala “(…) el tiempo que haga falta para hacer algo y disuélvanse después (…)” creo leer que la condición para el separarse es que se haga algo, quizá que se produzca la operación necesaria para dar lugar a un producto, es decir, algo que logre hacer diferencia entre lo que juntaba, y que permita una salida liberada de lo que pegaba, y que funcionó en un momento para hacer algo, por ejemplo, gestar un producto como signo de lo que quedo de cartel para cada Cartelizante. Creo que en ese tiempo de comprender, propio de la vida del cartel, entre el juntarse y el separarse, es necesario, no solo reflexionar sobre el tema que nos convocaba al trabajo, sino sobre la experiencia, es decir, situar esta experiencia en un tiempo lógico de tal modo que el producto no sea un resultado, sino el pase, la licencia, la contraseña que cada uno se da para autorizarse a salir de donde un día se metió. Esto sería como una especie de decolaje, la ejecución del momento de despegue para iniciar un vuelo.

Una de las cuestiones que me hacía pregunta sobre el tiempo de comprender era la designación de un tiempo cronológico que determinara la duración de la experiencia de cartel, un año, dos años. En términos cronológicos qué tiempo puede ser el necesario. Me preguntaba acerca del peso que podía tener sobre esta experiencia una disposición institucional, al conferirle el plazo máximo. Y rondando en esto, en los trasegares propios de la investigación, me encontré con un texto de Lacan titulado D´ecolage (1980), traducido al español como “Decolaje o despegue de la escuela”. Allí plantea una pregunta que me sorprende: “¿Qué otra cosa da pruebas de mi formación que acompañarme en el trabajo, pues lo es, de la disolución?”[4] Esto me permite pensar que la operación de disolver un cartel también puede ser un efecto de formación y no solo del cumplimiento de un plazo. Parece que este escrito hace parte de un momento de disolución y conformación que tendré que investigar a fin de esclarecer en mí su valor para la Escuela. En todo caso, de allí tomo una frase que me invita a pensar, la cito “Créaseme: a nadie admitiré para que juguetee en la causa freudiana, sino seriamente desescuelado-despegado (d´école)”[5]. Este significante desescuelado, me resuena a una interrogación permanente del lazo con la Escuela, y más cuando Lacan dice que se trata de “subsistir por un lazo social nunca visto hasta el presente”[6]. Bueno, luego de este pequeño rodeo, quiero resaltar en este escrito aquello que Lacan dispone para el cartel, pues aquí lo reafirma en su estatuto de “órgano de base tomado de la fundación de la Escuela”[7] y luego de afinar la experiencia, dicta cinco disposiciones que quisiera compartirles:

“Primero – Cuatro se eligen, para proseguir un trabajo que debe tener su producto. Aclaro: producto propio de cada uno y no colectivo.

Segundo – La conjunción de los cuatro se efectúa en torno de un Más-Uno que, si bien es cualquiera, debe ser alguien. A su cargo estará velar por los efectos internos de la empresa y provocar su elaboración.

Tercero – Para prevenir el efecto de pegoteo, permutación debe hacerse, en el término fijado de un año, dos como máximo.

Cuarto – Ningún progreso se ha de esperar, salvo el de poner a cielo abierto, periódicamente, tanto los resultados como las crisis del trabajo.

Quinto – El sorteo asegurará la renovación regular de los puntos de referencia creados a fin de vectorializar el conjunto”[8].

El tercer punto despeja parcialmente mi inquietud sobre el tiempo. Dos años son el tiempo máximo para dar lugar al decolaje. Y el cuarto punto, me afirma en la posibilidad de pensar la disolución como efecto de la formación obtenida en un cartel, pues es condición del trabajo poner a cielo abierto tanto los resultados como las crisis del trabajo. A cielo abierto creo que no es solo entre los cartelizantes, además el decolaje solo es posible a cielo abierto. Para ir concluyendo mi inventario de preguntas, me interesa situar lo que se hace en el tiempo de comprender bajo dos prácticas, a saber, investigar y conversar. Quiero pensar algunos aspectos puntuales sobre lo que implica investigar y cómo se conversa en un cartel para asegurar un producto, insisto, no un resultado como lo propio de un proceso, sino una palabra propia que pueda hacer la diferencia lógica con el instante de ver. Un trabajo que pueda demostrar una cierta certidumbre del recorrido, de lo que se produce como tentativa de solución y que movilice sin inercia ni resistencia hacia la disolución.

[1] Lacan, J (1980) “El señor A” Disponible en: http://eolcba.com.ar/wp-content/uploads/2017/06/c-El-Sr.-A.-J.-Lacan-1980-.pdf

[2] Ibid

[3] Ibid

[4] Lacan, J (1980) Decolaje o despegue de la escuela. Disponible en: https://www.wapol.org/es/las_escuelas/TemplateArticulo.asp?intTipoPagina=4&intEdicion=1&intIdiomaPublicacion=1&intArticulo=159&intIdiomaArticulo=1&intPublicacion=10

[5] Ibid

[6] Ibid

[7] Ibid

[8] Ibid

Título: De la economía del significante y el mecanismo de la agudeza.

Cartelizante: Marcela Ospina

 

 

Advierte que es desati-,

siendo de vidrio el teja-,

tomar piedras en las ma-

para tirar al veci-.

Deja que el hombre de jui-

en las obras que compo-

se vaya con pies de plo-,

que el que saca a luz pape-

para entretener donce-

escribe a tontas y a lo[1]-.

Cervantes, 1605

 

¿Por qué empezar con un verso de pie de quebrado que encontré en Don Quijote de la Mancha?

Porque representa el diálogo, la lectura a voces, y de alguna forma, me recordó algunas canciones infantiles que abrieron espacio a la palabra de un niño que apenas hablaba. El pie quebrado del verso, es responsable de hacer aparecer en quien lo escucha, una sílaba que alivie el verso cortado.

Esta es pues, una forma de marcar el recorrido de esta investigación en el cartel. Y, la cita de Lacan -a continuación- más

que un epígrafe, es una guía.

El elemento fonológico es, en efecto, la base del retruécano, el juego de palabras, etcétera. Es, en suma, en el significante, aquello con lo que nosotros, analistas, hemos de jugar sin cesar.

Lacan 1957[2]

Este es el primer avance del trabajo de cartel: El registro significante en la literatura y la clínica, ya sobre una segunda pregunta que surgió en torno a la clínica y a la lectura en voz alta, y, como resultado de un primer instante de ver acerca de lo que es un significante. Luego, en un texto sugerido por la “más-uno” del cartel, Breve discurso a los psiquiatras, pronunciado por Lacan en 1967, encontré la respuesta a una vieja duda, ¿se puede hablar de un “registro” significante? Si. Aunque, por supuesto, no como uno más de los registros, Real, Simbólico e Imaginario, pero sí, en este sentido: “la combinación de los significantes constituye un orden, un registro[3]”. En un primero momento, a ese registro, Lacan lo nombra como un “hilito”; dice: “En verdad, un “hilito[4], ¡eh! (…) Si ustedes tuvieran un hilito, cualquiera que sea, eso les sería más valioso que cualquier cosa, tanto más cuando eso los llevaría de todos modos necesariamente a aquello de lo que se trata”. Esta referencia me animó a poner en la mesa algunos planteamientos sobre el mecanismo del chiste que había trabajado, aquellos que considero necesarios para, a manera de hipótesis, decir: el mecanismo del chiste es una base para la intervención en el autismo y la esquizofrenia.

En el chiste, o más precisamente, en la agudeza, hay un paso de sentido. Dice Lacan que este paso de sentido es, hablando con propiedad, lo que se realiza en la metáfora. La agudeza es el paso como tal: “Es el paso vaciado de toda clase de necesidad. Esto es lo que, en la agudeza, puede, a pesar de todo, manifestar lo que en mí está latente de mi deseo, y puede tener eco en el Otro[5]El sentido, entonces, yo lo pensaría de dos formas: la primera como punto de capitón, es decir, cuando en la articulación se dice esa palabra que le da sentido al resto. Pero, también, como un paso de sentido en el orden del deseo. ¿Y cómo ocurre este paso de sentido? En el segundo esquema del seminario V, en la página 18, se nos dan tres tiempos que van desde el esbozo del mensaje hasta su producción, y nos dice Lacan, que no debemos olvidar que el interés de este esquema radica “en que tiene dos líneas y las cosas circulan al mismo tiempo por la línea de la cadena significante[6]”. Y explica: “Por la misteriosa propiedad de los fonemas que se encuentran en una y otra palabra, correlativamente algo se remueve en el significante, se produce una sacudida en la propia cadena significante elemental[7].” Por ejemplo, en el chiste del Famillonario que Freud nos presenta en “El chiste y su relación con lo inconciente” en donde familiar y millonario unen silabas para dar paso a otra palabra: famillonario. De esta forma el agente de lotería Hirsch-Hyacinth, personaje creado por Heine, es tratado por el gran barón de Rothschild como uno de los suyos: un millonario más de su familia; quizá, por qué no, muy al estilo de la imagen del propio autor; pues lo intrusivo es el millonario, como objeto, que en algún punto (del esquema) toca lo imaginario. Otro ejemplo, de esta formación léxica defectuosa,[8] como lo llamó Freud, fue cuando el actual presidente de Colombia intentó decir “quise”, y, algunas letras, que lograron permear la cadena del discurso, hicieron escuchar un “querí”, que resonó en las noticias y las redes sociales, e hizo reír en grande al país.

Retomo, ahora, una aclaración de Lacan sobre este esquema:  La primera línea representa la cadena significante: “en tanto que permanece enteramente permeable a los efectos propiamente significantes de la metáfora y de la metonimia, lo cual implica la actualización posible de los efectos significantes en todos los niveles, incluido el nivel fonemático en particular[9]”. Y la otra línea del esquema, es la del discurso racional: “en el que ya están integrados cierto número de puntos de referencia, de cosas fijas. (…) Aquello que concretamente, en el uso del discurso, constituye puntos fijos[10].” Otra referencia importante para comprender este mecanismo del chiste, es la del fonema en Jacobson[11], dice que hay “unidades discretas de la lengua: Los fonemas, que tienen un principio estructural básico, o sea la oposición de entidades marcadas y no marcadas, que son importantes en el estudio de la afasia, es decir, en los errores de sustitución y simplificación”.

Teniendo sobre la mesa estos planteamientos vuelvo a la pregunta: ¿es posible pensar el mecanismo del chiste y de la agudeza como una vía de intervención sobre el sujeto del goce en la esquizofrenia y en el autismo? Traigo de nuevo la cita de Lacan que encabeza el texto: El elemento fonológico es, en efecto, la base del retruécano, el juego de palabras, etcétera. Es, en suma, en el significante, aquello con lo que nosotros, analistas, hemos de jugar sin cesar. ¿Qué quiere decir Lacan con esto? De hecho, creo que este juego hace la diferencia en los efectos de un análisis, es una vía, una manera de tocar ese registro del significante. El analista corta, interroga, pone en juego el significante; pues dejarlo intacto seria desconocer la potencia de la orientación lacaniana.  Se trata, en cierto tipo de intervención, de la transgresión del código, de un movimiento que altera esa melodía desconocida para el sujeto. Tal como le sucedió, en este caso por “accidente”, a Sr. Hirsch-Hyacinth que fue tratado de una forma del todo famillonaria. El efecto está en que esos significantes toman otro lugar, otra significación y dejan de insistir sin rumbo en la cadena significante. Ahora, ¿cómo valerse de este mecanismo de la agudeza, en la intervención en el autismo y en la esquizofrenia, y qué relación guarda con las oposiciones más rudimentarias en las que habitamos? Creo, por una primera lectura, que, en ese Breve discurso a los psiquiatras, ese “hilo”, ese orden, será importante para continuar con esta pequeña investigación, pues 10 años después de su seminario sobre las formaciones del inconsciente, retoma aquí aspectos sobre el lenguaje, el mensaje, el sentido, el deseo y la verdad.

[1] Cervantes. Don Quijote la Mancha. Versos preliminares. Edición RAE.

[2] Lacan, J. Las formaciones del inconsciente. Seminario 5. Lección del 6 de noviembre de 1957. El famillonario. Pág. 18, Amorrortu.

[3] Lacan J. Breve discurso a los psiquiatras. Círculo de Estudios psiquiátricos, Santa Ana, 10 de noviembre de 1967.

[4] Lacan, J. Breve discurso a los psiquiatras. 10 de noviembre de 1967.

[5] Lacan, J. Las formaciones del inconsciente. Seminario 5. Lección del 4 de diciembre de 1957. El poco sentido y el paso de sentido. Pág. 103, Amorrortu.

[6] Lacan, J. Las formaciones del inconsciente. Seminario 5. Lección del 6 de noviembre de 1957. El famillonario. Pág. 26, Amorrortu.

[7] IBID

[8] Freud. S. El chiste su relación con lo inconciente. Tomo VIII. Ed. Amorrortu. Pág. 15.

[9] Lacan, J. Las formaciones del inconsciente. Seminario 5. Lección del 6 de noviembre de 1957. El famillonario. Pág. 18, Amorrortu.

[10] IBID

[11] R. Jacobson. El marco del lenguaje. Sobre las perturbaciones afásicas desde el punto de vista del lenguaje. Reimpresión 1996. (P:97) Fondo de cultura económica. México

Original 1980 ingles.

 

Título: ¿Qué puede decir el psicoanálisis sobre las ´infancias trans’?

Cartelizante: Andrés Amariles Villegas

Nombre del cartel: Identidades, orientaciones y prácticas sexuales contemporáneas

Avance #: 1

Tiempo lógico: Instante de ver

Convoqué el cartel sobre identidades, orientaciones y prácticas sexuales contemporáneas para bordear respuestas a un interés personal a propósito de cómo el psicoanálisis entiende, aborda e interroga los nuevos arreglos alrededor de tres ejes: las identificaciones, orientaciones del deseo y modos de satisfacción que se producen, permiten y promueven en la contemporaneidad.

Este interés se vio acentuado luego de leer la intervención de Paul Preciado, filósofo español y hombre transgénero, que fue invitado a pronunciar un discurso, en el marco de las Jornadas Nº 49 de la École de la Cause Freudienne, Las mujeres en psicoanálisis[1]. Entre las muchas cosas interesantes y polémicas que dijo, resalto las siguientes: Lacan no logró deshacerse del binarismo sexual debido a su apego político al patriarcado heterosexual. Su desnaturalización estaba en marcha, pero el propio Lacan no estaba preparado. El psicoanálisis, tanto freudiano como lacaniano, contribuirá después ampliamente a la patologización de la transexualidad. (…) Yo no les pido a los psicoanalistas homosexuales salir del closet; son los psicoanalistas heterosexuales en ustedes, la totalidad de esta sala, los que deben salir urgentemente del closet de la norma.

 La intervención de Preciado causó ecos. Algunos celebraron esa enunciación que, en forma de denuncia, apunta a una aparente rigidez, encapsulamiento y nostalgia conservadora de la práctica psicoanalítica. Otros señalaron que la queja del filósofo desconoce la potencia subversiva de la enseñanza de Lacan, y que se enfrasca en críticas al psicoanálisis que han existido desde el principio, y que han sido desarrolladas, superadas y atravesadas por los mismos psicoanalistas. Por su parte, Fabrice Bourlez, dice que, frente a las palabras del filósofo algunos(as) se ofendieron, otros(as) se alegraron y algunos más no entendieron nada. A su manera, cada uno tembló. Y señala que, más allá de la comprensión o no de Preciado sobre la apuesta psicoanalítica contemporánea, la inversión operada no tiene sentido si no logramos extraer consecuencias lógicas, demostrar cómo nuestra ética, nuestro trabajo, nuestro compromiso con el deseo, no se oponen ni están completamente al margen de los problemas señalados por P. Preciado. (…) Hacerse los sordos, rechazarlos en bloque, no sentirse concernidos pretendiendo estar en otro lado equivaldría a reproducir, una vez más, una negativa que afectaría nuevamente no solamente a las llamadas minorías LGBTQI sino a quienes han aceptado interrogarse sobre los pormenores del saber del inconsciente.[2]

Como vemos, el acto de Preciado no fue sin consecuencias. Este año, Miller nos habla del año trans, y ha causado una serie de reflexiones y elaboraciones a partir de su exhortación: ser dócil a lo trans. Además, hemos visto en distintas publicaciones de Lacan Cotidiano, y en las intervenciones en Lacan Web TV, aproximaciones a la comprensión del fenómeno trans, sus consecuencias y posibilidades en la clínica. Mi interés en el cartel, entonces, se fue ciñendo al asunto trans y sus encuentros, desencuentros e imposibles con el psicoanálisis.

 Los textos revisados durante este tiempo hablan de era trans, época trans, fenómeno trans, cuestión trans.   Estas enunciaciones me resuenan y trazan preguntas que deberán ser resueltas: ¿estamos en la era Trans?, Y si es así, ¿de qué manera, en qué condiciones, con qué consecuencias?, ¿qué coordenadas orientan una era trans?

Pero entonces, antes de intentar dar respuesta a alguna de estas preguntas, y comprender algo sobre el tema, considero que es necesario un poco de contexto. Lo primero, ¿qué es lo trans? Susana Striker, una mujer transgénero, escribe en su libro La historia trans[3] que la abreviatura trans se ha usado y popularizado recientemente, hace apenas un par de décadas, y se refiere a las sujetos que se nominan y constituyen su identidad sexuada distanciados del género que les fue asignado, marcado y nombrado por la cultura al nacer. El prefijo trans es usado como una marcación identitaria por sujetos que atraviesan los límites construidos en su contexto social e histórico para definir y contener el género. La expresión trans es abierta, en movimiento, y contiene diferentes nominaciones, entre ellas: travesti, transgénero, transexual, queer, andrógino, multigénero, desconformes con el género, de tercer género, personas de dos espíritus, género fluido. Es decir, lo trans no se refiere exclusivamente a quienes anhelan hacer transformaciones o modificaciones definitivas en su organismo para alcanzar la identidad deseada o requerida, sino también a quienes se asumen fuera de género y para ello hacen ajustes simbólicos e imaginarios a través de nominaciones fuera de norma o juegos con los tratamientos del cuerpo.

La emergencia de estos significantes ha sido posible, en gran medida, gracias a las acciones de los movimientos sociales por la reivindicación de los derechos de las disidencias sexuales que han generado rupturas sociales desde hace varias décadas, y que han posibilitado la aparición, expresión y participación de una amplia pluralidad de modos de relación afectivas, identificaciones y prácticas sexuales. Estos movimientos han abogado por la apertura de marcos de reconocibilidad social que den lugar a la existencia de estos modos de vida sin ser catalogados desde discursos patológicos o jurídicos que generen violencia y segregación.

En Colombia, las violencias sobre los sujetos trans han sido sistemáticas e invisibilizadas. Según la Fundación Caribe Afirmativo, la expectativa de vida de una persona trans en Colombia es de 35 años. Las cifras de empleabilidad y acceso a la educación son casi inexistentes y la percepción de inseguridad y vulneración de derechos por parte de estos sujetos es del 92%[4]. Es evidente, entonces, que estas reivindicaciones en pro de la vida y la dignidad son necesarias y han generado acontecimientos que han implicado un cambio de orientación social a propósito de las vidas de estas personas.

Estas acciones son, sin duda, novedosas en la historia de la humanidad. Si bien desde la antropología se ha documentado la existencia – en diferentes contextos y momentos históricos – de sujetos que realizan arreglos identitarios por fuera de la norma social, estos habían sido considerados como casos excepcionales, con una función específica en el ordenamiento y la garantía de la existencia de una noción social binaria del género. La apuesta del movimiento trans y su reivindicación política parten de una necesidad innegable de defensa de derechos humanos. Sin embargo, la fuerza de esta apuesta se ha expandido a diferentes terrenos como los feminismos, los estudios sobre las infancias y las consideraciones de los tratamientos médico-jurídicos, generando nuevas preguntas y desafíos que inevitablemente involucran la práctica clínica. Dicha apuesta se ha desarrollado, como lo enunció Marcus Viera, en su conferencia en la NEL Cali, El psicoanalista frente a las nuevas sexualidades,  alrededor de una noción de autodeterminación, libre elección y autonominación que prescinde del Otro, que promueve la idea soy dueño de mí mismo.

Sabemos que infancia no es una categoría que pertenezca al orden natural, sino que es una elaboración en el que convergen saberes y prácticas alrededor de lo que cada momento histórico y contexto social entiende y construye sobre lo que es un niño.  El fenómeno trans se ha extendido al terreno de las infancias, y ha creado una nueva nominación que ha comenzado a circular con fuerza en los últimos años: los niños trans. Esta creación surge de una apuesta política por reivindicar los derechos de los niños que experimentan sentirse, desde los primeros años de vida, por fuera de las identidad de género que le ha indicado el Otro. La apuesta que promueven es, entonces, escuchar los dichos del niño sobre la experiencia vivida de su cuerpo y su identidad sexual, y se promueve que con este enunciado de disconformidad sea suficiente para emprender un proceso estandarizado de transformación del cuerpo, orientado por las buenas intenciones de la pacificación y la salud, pero que dejan de lado la experiencia singular de cada niño.

Este dilema ha sido llamado por la psicoanalista Agnes Aflalo como la querella sobre los niños trans,[5] ya que con la expresión del niño es suficiente para categorizarlo con el diagnóstico de disforia de género, lo cual señala que podría devenir en la vida adulta en una persona con identidad trans, y por ello se promueve que se realicen procedimientos médicos, quirúrgicos y jurídicos tempranos e inmediatos que acomoden a estos niños a la identidad que expresan les corresponde.

En este escenario se circunscribe entonces mi pregunta para este cartel. Ya sabemos lo que dicen las políticas de reivindicación de la autodeterminación identitaria, y con ellas un amplio movimiento de discursos adherentes (jurídicos, pedagógicos, psicociencias) que toman de manera literal los dichos de estos niños. Pero, ¿qué puede decir el psicoanálisis frente a las ‘infancias trans´?

Esta pregunta la introduzco, no en la vía de censurar, negar o desconocer los distintos arreglos que pueda elaborar un sujeto niño sobre su sexualidad; mucho menos como una apuesta para tratar de dirigir las invenciones y arreglos de cada uno hacia un punto de llegada fijo, normativo, hegemónico y patriarcal. Se trata, como con cualquier otro sujeto, de introducir una pausa para hacer emerger una pregunta en el niño sobre sus propios dichos. Alojar la inconformidad expresada por cada uno y localizar a qué enunciación responde su enunciado, y acompañar luego las elaboraciones que pueda generar cada niño, uno por uno, a partir de las nominaciones, identificaciones y tratamientos del goce que le permita desplegar dicha pregunta.

¿De qué sufre un niño trans? Tal vez lo que pueda decir el psicoanálisis es que, así como no hay respuestas estandarizadas para localizar el sufrimiento, tampoco las soluciones y tratamientos valgan para todos. Frente al sufrimiento de los niños, de los sujetos, las quejas deben ser escuchadas e interpretadas. En ese “qué puede decir el psicoanálisis”  tal vez una respuesta otra, subversiva con respecto a la época, es la de instalar la necesidad de un tiempo de comprender. No apresurarse, no responder a la literalidad de manera inmediata. Cuidarse del afán de concluir y acompañar al niño a atravesar lo insoportable de su malestar.

La pregunta está abierta. Sigue el trabajo de comprender.

[1] Preciado, P. B. (2020). Yo soy el monstruo que os habla: informe para una academia de psicoanalistas. Editorial Anagrama.

[2] Bourlez, F. (2019) La dicha de los temblores. En: Lacan Cotidiano # 859

[3] Stryker, S. (2020). Historia de lo trans: las raíces de la revolución de hoy. Madrid: Continta me tienes.

[4] Caribe Afirmativo (25 de septiembre de 2020) Ser trans en Colombia: Una carrera contra la muerte. https://caribeafirmativo.lgbt/ser-trans-en-colombia-una-carrera-contra-la-muerte/#:~:text=En%20el%202015%2C%20la%20Comisi%C3%B3n,un%20veh%C3%ADculo%20en%20inmediaciones%20del

[5] Lacan Web Televisión (2021) La querelle des enfants trans // Agnès Aflalo. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=9hqlRIvw520&ab_channel=LacanWebT%C3%A9l%C3%A9vision

 

DE LAS RELACIONES ENTRE EL SIGNIFICANTE, EL OBJETO Y EL GOCE EN EL AVARO DE MOLIERE

Avance # 1: Mi pregunta

 Cartel: El registro significante en la literatura y la clínica (noviembre 2019)

 Participante: Ana Victoria Saldarriaga, psicoanalista, miembro de la NEL-Medellín y de la AMP

Función en el cartel: Más-Uno

 Del Más uno sin pregunta…: En otros carteles donde he funcionado como Más-Uno, por lo general, inicio, también como los cartelizantes, si no con una pregunta, al menos con alguna idea sobre el subtema o rasgo donde se inscribirá. Sin embargo, extrañamente, en este cartel, ese no fue el caso. La pregunta surgió apenas ahora en mayo, un año y medio después de haberlo iniciado. Cuento entonces con algunos meses (junio a noviembre) para avanzar lo que sea posible en la pequeña investigación que me he propuesto. Quizás esa cuenta me impulsó a difundir este primer avance, aprovechando el ofrecimiento de la página de carteles de la sede (https://nel-medellin.org/publicaciones-2/).

 A la pregunta del Más-uno. Desde el año pasado “se me metió en la cabeza” que debía leer dos obras: Las Erinias de Eurípides y El avaro de Moliere. No sé muy bien por qué, pero alguna problemática analítica habrá tenido qué ver en esa extraña conjunción que se me presenta entre, de parte de la tragedia, el superyó, y, de parte de la comedia, el objeto. Las Erinias encontraron su espacio en las “Lecturas desde Lacan”[1], convocadas por un cambio de significante que llamó mi atención, respecto al pago penal que implicaba, en el proceso de paz en el país, llamar “secuestro” a lo que antes se denominaba “retención”.

Así, El Avaro estaba destinado a ser una lectura solitaria y aplazable. Las circunstancias lo favorecían, porque en plena pandemia, quería una edición en papel y en francés. Sin embargo, los azares de la vida y la oportunidad vista por el deseo la hicieron llegar a mis manos mucho más rápido de lo que esperaba[2]. Con ella en el nochero, para darle largas, me dio por leer el prefacio, cosa que no acostumbro. En general, primero leo las obras y luego los comentarios y etcéteras. Pero, para mí sorpresa, me vi, muy a mi pesar, (como cuando al que no quiere caldo se le dan dos tazas) con una motivación inesperada para leer la obra. Me explico.

Quien hace el prefacio, Jacques Morel, un profesor de la Sorbona especialista en el tema[3],   escribe que el año 1668 fue para Moliere el de tres experiencias donde se renovaron su inspiración y su escritura. Hay que decir que 10 años antes se habían traducido las comedias de Plauto, autor latino. Moliere retoma dos de ellas para hacer su propia versión: Anfitrión, que Lacan comenta en su seminario 2, y La Olla, a la que cambia el título por El avaro. Moliere presenta, pues, en 1668 tres obras. En enero, Anfitrión en París; en julio, un divertimento cómico sobre los celos en el Palacio de Versalles y, finalmente, en septiembre, en el Palacio Real, El avaro. Pero mientras que las dos primeras fueron acogidas con caluroso aplauso, la última desconcertó al público y fue acogida con frialdad.

En ese punto, la lectura despertó mi interés: ¿Cómo así, por qué? ¿Qué tenía El Avaro de distinto a las otras dos comedias?  Sigo leyendo y el interés crece. Según Morel, el biógrafo de Moliere, Grimarest, estimaba que la prosa, como ocurrió en el caso de su Don Juan, también había desconcertado al público. Me acordé de Lacan cuando, en el seminario 8, La transferencia, decía que la extrañeza del público y la poca acogida que se le daba, en general a la trilogía de Paul Claudel, entre otras razones, claro, le daba a él la justa medida de la importancia de la obra y por eso emprendía su análisis. ¡Increíble! No lo olvido. Así que aquí en ese disgusto del público por la prosa de El avaro reconozco un indicio importante que me impulsa a leer la obra y que no de poca monta: verso o prosa, es cuestión de significantes. No es lo mismo.

Y Morel aclara: “Uno consideraba entonces que una gran comedia en cinco actos exigía el empleo del verso Alejandrino (de 14 sílabas)”. La prosa era permitida solamente en las farsas[4], en las comedias cortas de uno o tres actos, y en los diálogos de los divertimentos. Sin embargo, continúa el profesor de la Sorbona, uno puede buscar además otras razones de esa fría recepción de la obra que, de todos modos, fue momentánea. (No sé si la misma suerte corrió para la trilogía de Claudel en la época de Lacan). Quise saber de esas razones y ahí sí, ya el interés tomó su rumbo, abriendo camino a la pregunta que quiero trabajar en el cartel.

Continúa Morel: “El avaro no es, en efecto, una obra simple, y ciertos de sus comentadores modernos han sido ellos mismos desconcertados por los disparates y las bizarrearías que creían discernir”. Y nos explica por qué no es una obra simple o unitaria. “Tomando distancia de ese modelo antiguo”, Moliere va a beber también en fuentes más cercanas. El viejo y avaro Harpagón recuerda los vejetes de la Comedia italiana y francesa del renacimiento (~1550); por su parte, las aventuras de Elisa y Valerio, los enamorados que se contraponen a este protagonista recuerdan más bien a los héroes de las novelas o de las tragicomedias de la época (~1650). Lo cito:

El ritmo y los lazzi (suite de acciones bufonas en la escena) que animan las escenas más brillantes de la comedia son próximos de los mismos de la tradición farsesca, y de la Comedia del arte italiana. El conjunto podía aparecer entonces como una rapsodia[5] del cual las diversas piezas provienen de tradiciones y épocas muy diferentes. Sin embargo, El avaro ofrece una coherencia de estructura, de tono y, quizás de significación, que no se debe solamente, sin duda a la presencia de su protagonista.

Esa coherencia de estructura, de tono y quizás de significación, situó los mojones del camino a la pregunta. Con el tono piso el terreno de la voz; con la estructura, el terreno significante. Voz, significante y significación. Con esos tres conceptos en juego podía inscribir mi lectura en el cartel. Era la oportunidad de sacar la lectura del ámbito solitario en el que la tenía y llevarla a cabo efectivamente, sin más aplazamientos. Ahora, si esa coherencia no dependía solamente del protagonista, habría que vincularla entonces con la voz y los significantes de los otros personajes. Paso la descripción inicial de Morell al respecto, para centrarme, en el siguiente cuadro comparativo, que recoge lo que él destaca como lo propio y original de la obra de Moliere:

El Avaro de Moliere
Lo que debe a las obras predecesores sobre el tema Lo que modifica
1 El robo de un tesoro considerado como

Moneda de intercambio para obtener

La mano de una joven

El ladrón es, como en Plauto, un valet, pero es

el valet del propio hijo de Harpagón

2 Diálogos donde se expresa la obsesión

por los ladrones

3 El monólogo desesperado de un viejo

Avaro engañado

4 El malentendido en el que cada personaje

Cree que su interlocutor habla de lo que él mismo

Tiene en más alta estima: el dinero o el amor.

El malentendido se produce bien entre un

Enamorado y un avaro, pero el enamorado

Es también un sirviente del viejo.

5 “El héroe de Moliere no es un pobre hombre

Como el de Plauto, sino el rico propietario de Larivey.

Este es el trazo esencial: Moliere hace del personaje central un avaro [en état] “en estado” y no por accidente.

Releyendo la comparación, encontré que los cinco puntos, aunque de diversa naturaleza, me permitían ir formulando la pregunta. Los numerales 2, 3 y 4, esencialmente lenguajeros, capturaron inmediatamente mi atención. Entre ellos hay, en primer lugar, una oposición simbólica entre: “varios diálogos” con un tema que obsesiona y “un solo monologo” cuyo tema desconozco. Y, por fuera de toda relación simbólica, “el malentendido”, tema bien importante para nosotros. Las preguntas iniciales y directas son entonces: ¿cómo y en qué medida esos malentendidos y esos diálogos podían cercar el monólogo de Harpagón? ¿Qué dice ese monólogo? ¿Cómo contrasta lo cómico de la obra con la tragedia que vive el viejo y que seguramente está cifrada en ese monólogo?

Sin embargo, el numeral 1, me deja pensando. Ya no estoy en el registro significante, sino en el del objeto. Se trata de una caja en Moliere, tomada de la olla de Plauto. Me pregunto: ¿qué interesa: ella o su contenido? ¿Se trata de un objeto a? ¿o una imagen del objeto a? En todo caso, es objeto en tanto que pedazo, fragmento, resultado de un corte y objeto de intercambio. No se trata en este caso de “la bolsa o la vida”; sino “del amor o el dinero”. Una elección fantasmática que nos encontramos frecuentemente en todo tipo de obras ficcionales y en la vida. Interesante, pero no veía cómo vincular esa temática al cartel.

Pero el último numeral me dio el punto de capitón decisivo para definir el camino y concretar en una sola pregunta mis interrogantes sobre la obra. Moliere nos presenta en escena un avaro “en estado”, [en état], en esencia, no por azar ni accidente[6], pues tiene dinero en el dinero. No es cuestión ni de dinero, ni de amor, ni de intercambio, como termina siendo el asunto en la obra de Plauto, según una versión del siglo XV, donde el avaro ofrece el dinero para la dote de la enamorada y todo termina bien. No, aquí no se trata de ninguno de esos objetos, sino ¿de qué? Es lo que me pregunto: ¿de goce? Si fuera así, ¿cómo es, entonces, que la escritura de Moliere logra cernir ese “estado puro” de goce del avaro a través del objeto?  En otras palabras: ¿Cómo el monólogo, que podemos aislar dentro del texto, como su preciosa caja, esa que no quiere soltar, se hace grito en la expresión que Lacan cita varias veces: “¡No soltaré mi cofre!”? Morel escribe: Il ne lachera pas sa cassette (él no soltará su caja, su cofre), al final de la pieza como lo hizo Euclion. La pregunta me da entonces el título de la pequeña investigación en la que se convirtió mi lectura: De las relaciones entre el significante, el objeto y el goce en El avaro de Moliere.

Gracias y hasta la próxima.

[1] “Lecturas desde Lacan” (https://nel-medellin.org/desde-lacan-hacia-freud/) es una actividad web que hace parte, junto a “Lecturas desde Freud”, de una actividad más general que declaré, para el período 2021-22, al actual directorio de la NEL-Medellín, bajo el nombre de Lecturas Fundamentales de psicoanálisis.

[2] MOLIERE, L’avare. Paris. Librairie General Française. Le livre de Poche, 2019. 159 p.

[3] Jacques Morel (1926-2006). (https://www.cairn.info/revue-dix-septieme-siecle-2006-2-page-195.htm)

(https://www.academie-francaise.fr/jacques-morel). Obviamente, a falta de traducción del prefacio, yo ofrezco la que puedo hacer de los pasajes que me interesa destacar.

[4] En el próximo avance me referiré a la diferencia entre esos dos géneros cómicos.

[5] El término «rapsodia» procede del griego antiguo rhapsōidía (ῥαψῳδία), sustantivo formado a partir de rhaptein («ensamblar») y aidein («canción»). «Rapsodia» significa por tanto, literalmente, «canción ensamblada» o también «partes ensambladas de una canción». (https://es.wikipedia.org/wiki/Rapsodia)

[6] https://es.wikipedia.org/wiki/Accidente_(filosof%C3%ADa)