UNA SOCIEDAD QUE DISCAPACITA AL SER HABLANTE /// Por: Marlon Cortés – Asociado a la Nel Medellín

(Texto a propósito de la serie EL AMOR EN EL ESPECTRO, en el marco de la actividad CINE Y PSICOANÁLISIS, de la NEL Guatemala)

Fecha de presentación: 28 de abril

 

(Suena la canción “Un mundo ideal” de Ricardo Montaner)

 

“Nada se parece más al infierno que un matrimonio feliz”.

Gabriel García Márquez

Una de las pocas veces en las cuales Lacan habló sobre autismo fue en el texto que llamamos “La conferencia de Ginebra”, en 1975.

No voy a hacer una cita.

Voy a relatar un trozo.

Así: Es una conferencia en la que Lacan habla de lo que es un síntoma, del ser hablante, y sobre cómo sucede el proceso de comunicación entre la madre y el hijo.

Uno de los participantes toma la palabra diciendo que la madre escucha al hijo, pero le dice a Lacan que los niños también deben escuchar, pero algunos que no lo hacen. Ese participante dice estarse refiriendo a los autistas. Dice: Los autistas no escuchan, permanecen aislados.

Lacan le dice: No llegan a escuchar lo que usted tiene para decirles.

 

Y el participante insiste:

A nosotros nos cuesta escucharlos. Su lenguaje es cerrado.

Lacan insiste: El hecho de que usted no los escucha, es lo que hace que ellos no los escuchen a ustedes. Pero finalmente, sin duda, hay algo para decirles. Y añade: Es verdad que hay algo que se congela en el autista, pero ustedes no pueden decir que no habla. Más bien, ustedes tienen problemas para escucharlos.

 

Hasta ahí el relato de la cita de Lacan hablando sobre los autistas. De allí se pueden extraer varias cosas, pero permítanme extraer algo que me evocó ver los tres capítulos primeros de la serie EL AMOR EN EL ESPECTRO. Lo siguiente:

 

En el relato de la cita que acabo de leer, Lacan encuentra un problema al momento de pensar el autismo, pero el problema no radica en el autista en sí, sino en quien pretenda escuchar al autista. Lacan le dice: a usted le cuesta oírlos… eso no significa que no hablen.

 

Hasta ahí el relato de Lacan.

 

Con este comentario que voy a hacer a la película, me siento un poco en los zapatos de Lacan diciéndole a ese participante de su seminario que los autistas sí hablan, que el problema es que no los sabemos escuchar.

 

Me explico: me pregunto por qué hicieron la serie. Por qué Netflix quiso hacer una serie alrededor del amor en el espectro autista, qué les hizo pensar a ellos que la serie podría ser un éxito, y, qué tenían en la cabeza para, incluso, sacar una segunda temporada.

 

Tengo hipótesis, sólo hipótesis: mediáticamente hablando, e incluso lo dicen en alguna parte de los tres capítulos que vimos para esta actividad, el autismo es una discapacidad, y si lo nombramos con las nuevas terminologías internacionales, el trastorno del espectro del autismo, es una discapacidad mental psicosocial. Mediáticamente, es un asunto muy cercano a la locura, y para algunos psiquiatras, muy cercano a la esquizofrenia.

 

Escuchen estas palabras que les subrayo del párrafo anterior: discapacidad, trastorno, discapacidad mental psicosocial, locura, esquizofrenia. Son palabras que mediáticamente están del lado de lo anormal a nivel psicológico, y entonces don Netflix vio una gran oportunidad de lanzar una serie de éxito hablando de algo que, en principio, tal vez no tendría por qué estar junto… ¿qué no tendría por qué estar junto? el amor y el trastorno mental llamado autismo.

 

Es decir, mediáticamente hablando, las personas que tienen un trastorno mental no aman, o, en el mejor de los casos, se les dificulta mucho el amor, pues su lugar es estar encerrados en casa o en un hospital psiquiátrico. Entonces, dijo don Netflix, hagamos un documental en el que se muestren los esfuerzos que tienen que hacer las personas autistas para conseguir amar. Ahí tenemos el éxito: hablemos un poco de autismo, entrevistemos a algunos para que nos cuenten los problemas que tienen para conseguir la pareja ideal, entrevistemos a una pareja de autistas, y, sobre todo, entrevistemos a quienes se dedican a enseñarles a los autistas a conseguir pareja. Buena parte del éxito de un documental es que muestre temas mediáticamente raros, y aquí tenemos uno bien raro: el amor en el espectro autista.

 

Pero, ¿por qué es raro?

 

Voy a responder al estilo Lacan en la Conferencia de Ginebra: “A usted, don Netflix, le parece raro que un autista ame, porque usted cree que todo mundo tiene que amar con la idea de amor que usted tiene en la cabeza”. El problema del amor en el autista no está en el autista. El problema está en la noción de amor que subyace en la serie de Netflix, y, para mí, triste decirlo, el problema está en la noción de amor que la cultura tiene, tan idealista, tan platónica, tan Ricardo Montaner.

 

Traigamos a la memoria las expresiones que utiliza la serie para describir el amor en pareja… expresiones que pone en boca de los jóvenes autistas: el hombre indicado, la pareja adecuada, el alma gemela, la pareja perfecta, la pareja ideal, el amor verdadero, el matrimonio feliz, etc.

 

Es evidente que las “psicólogas expertas” que entrevistan tienen como marco teórico la perspectiva cognitivo conductual. Y entonces muestran muchas situaciones en las cuales estas expertas les van indicando qué es lo que se debe hacer para encontrar al indicado, a la pareja adecuada, al alma gemela, etc. Lo primero que tienes que hacer es esto, lo segundo es esto, lo tercero es esto otro, etc., etc., y entonces, efectivamente, el joven se aprende paso a paso todo lo que tiene que hacer en la primera cita, y, obviamente, fracasa.

 

Estas expertas muy seguramente no podrán quejarse de no ser escuchadas. Claro que son escuchadas. Los jóvenes siguen al pie de la letra todas las indicaciones que les dan. Pero, insisto, fracasan… no en la didáctica utilizada, pues los jóvenes efectivamente aprenden lo que ellas quieren enseñarles… fracasan los autistas, por la idea de amor que está en el fondo de la propuesta… un amor congeladamente ideal.

 

Déjenme decir algo que, en principio, puede ir en dirección contraria a la perspectiva psicoanalítica: una de las fórmulas para pensar el autismo nos la da Lacan en la Conferencia de Ginebra, y lo que plantea es que algo en el autista se congela. Mi hipótesis, al ver esta serie, es que el mundo ideal de Ricardo Montaner es el que está congelado. El mundo ideal de Ricardo Montaner es el amor muerto. Es el infierno de la pareja feliz de la que habla Gabriel García Márquez. En términos psicoanalíticos, tengo la intuición de que en la cultura hay algo congelado: sostener el ideal de la pareja perfecta. Ya Platón en El Banquete se burlaba de ello.

 

Y entonces, esto que digo, es lo que me hace plantear que la mayor parte de los problemas que tienen los jóvenes autistas de la serie, no es por su autismo, sino porque estos jóvenes le hacen los coros a Ricardo Montaner. Digámoslo en términos psicoanalíticos: la mayor parte de los problemas que tienen los jóvenes autistas de la serie, aparecen porque, en el fondo, la serie quiere hacer existir la relación sexual. Los productores de la serie, de una manera muy invasiva, les pone de tarea a los autistas a que hagan existir la relación sexual; es decir, les pone la tarea de que encuentren al indicado, a su media naranja. Y ellos, todos los que se someten a ese ejercicio, se rebelan, y entonces ese amor idílico, nunca sucede, y los autistas se pierden.

 

Escuchen a los autistas, es lo que Lacan le dice a quien interviene en su Conferencia de Ginebra. El asunto es que, insiste Lacan, no sabemos escucharlos. Alguien podrá no estar de acuerdo conmigo, y me dirá que el documental está hecho de entrevistas con las voces de los autistas. Y entonces yo debo replicar: un psicoanalista no solo escucha. Si la práctica analítica fuera solo poniendo en juego el objeto voz, entonces se podría hacer siempre por internet, y con la cámara apagada. Y no es así. En el análisis de esta serie no me quedo solamente con lo que los jóvenes autistas dicen. Para acercarme a estos capítulos con una perspectiva psicoanalítica, yo escucho sus voces robotizadas, yo veo su angustia para mirar a los ojos al interlocutor, veo que repiten lo que la experta dice, veo las escenas amorosas libreteadas por los adultos que los rodean, veo la incomodidad en sus cuerpos al intentar una y otra vez hacer existir el mundo ideal de Ricardo Montaner, o, lo que es lo mismo, hacer existir la relación sexual por mandato de los amos que los rodean. Pero lo que más veo, y espero que ustedes también vean esto, es que los autistas se resisten a hacer la tarea. Y lo hacen, no por rebeldía, sino porque hay un real (es decir, un imposible) que les impide vincularse del modo como ese amo mortífero se los indica.

 

Desde la perspectiva de Ricardo Montaner, el autismo siempre será leído como una discapacidad, pues ningún autista llega a conseguir a su pareja ideal. Es más: desde la perspectiva de Ricardo Montaner, que es la perspectiva del intento de hacer existir la relación sexual, el neurótico mismo también es un discapacitado. Ni para el autista ni para el neurótico existe la media naranja. Para todos, la inexistencia de la relación sexual. Para todos, la contingencia como brújula en el amor.

 

De hecho, muchas veces las clases de educación sexual en los colegios, en donde la mayoría son neuróticos, podrían llegar a ser las mil temporadas de una serie que se llame: EL AMOR EN EL SER HABLANTE.  Y entonces, todos los personajes, autistas o no, fracasaríamos, si consentimos a entrar en ese experimento en el cual hay un profesor que sabe cómo es que todos nos debemos conducir en el nivel de la dimensión sexual, en ese experimento en el cual hay una única tarea que es encontrar la media naranja.

 

¿Quiénes no fracasan?

 

No fracasan los que no son fans de Ricardo Montaner. Los que no creen en el Paraíso. Los que no creen en el amor absoluto y eterno. En resumidas cuentas, los que se conducen por la vida teniendo como brújula el desamparo que se experimenta ante la inexistencia de la relación sexual.

 

Ya para terminar, les puedo confesar algo: hace un tiempo yo supe de la serie. La empecé a ver. Sólo la soporté los primeros 30 minutos del primer capítulo. Vi los 3 capítulos para esta actividad, y fue oportunidad para recordar, una vez más, que, en el tema de la discapacidad, muchas veces lo más discapacitante no es la condición del sujeto, sino la sociedad misma que, de manera sádica, exige formas y estilos de vida que nos alejan de nuestro real… y, lo sabemos, nuestra Escuela tiene una ORIENTACIÓN POR LO REAL. Por lo tanto, sugiero no seguir viendo la serie.

 

Muchas gracias.

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